¿Por qué ser feminista?

Cualquier cosa que nos define como una ideología, religión, rol social, posición laboral no es en realidad quien somos. Quien somos está detrás de eso, encima de cualquier etiqueta, rodea cualquier cosa de creemos nos define. Está mucho más allá y es más complejo.

Es como que tienes la verdad revelada y sabes que cualquier “tag” no es lo que tú eres. Yo lo sé y la verdad, es liberador. Como te te termina importando tan poco todo aquello que te tomabas personal…

Y si lo sé y es tan “liberador” y si tengo la verdad revelada, entonces ¿por qué me declaré feminista el 1ro de mayo de 2015?

Porque el lenguaje importa.

Porque no me define el que sea hija de mi señora madre pero donde la niegue tengo problemas serios.

Porque no me define ser la pareja de mi pareja, pero para la vida diaria es más práctico tenerlo en cuenta.

Porque no me define ser colombiana, pero vaya usted al aeropuerto y dígales que no tiene pasaporte porque “a usted no le define su nacionalidad”.

Pues no me define ser feminista, pero al reconocerlo diariamente recuerdo más fácil todo lo que he leído, lo que los años me han enseñado y la basura que he visto por parte de una sociedad netamente machista en donde fui criada.

Porque a veces sigo actuando como fui criada. Porque es que es muy difícil abstraerse hasta tal punto que no eres parte del todo en el que te desenvuelves día a día. Eso es muy jodido. Te cuentan un chiste machista y le hace gracia a tu yo que fue criada para que eso le hiciera gracia. Pero una milésima de segundo después sencillamente repugna, porque ya de vieja me autocrié para que me repugnara.

Entonces me recuerdo a mi misma que no me define el ser feminista pero que me quiero comportar como tal. Que me hace bien. Y especialmente que le hace bien al resto del mundo.

Así me tachen de aburrida.

También me tildan de lista.

Advertisements

De bienvenida de mí para mí.

Me encantaría empezar con un “he vuelto” pero quien esté leyendo dirá… ¿de dónde? O mejor aún ¿Y…?

Ese “he vuelto” sería conveniente si algun@ de ustedes ya me hubiera leído. Si por casualidad leyeron lo que alguna vez fue EqGénero, pues entonces puedo decir “de la misma creadora de EqGénero…” pero aunque tuvimos más de 500 (¡¡¡wow 500!!!) seguidores, no creo que haya dejado tanta huella.

Y voy a explicar por qué.

Empecemos por el principio.

¿Qué era EqGénero?

Era mi bebé.

Pero fue casi que un aborto.

EqGénero fue la idea más bonita e ilusa que he tenido jamás. Fue el producto de muchos años de trabajo, de aprender hasta a manejar Moodle, porque me fui de proactiva y me diseñé un curso on-line gratuito.

Meses de investigación, decenas de libros leídos, reportes, consultas con expertas, debates con poco expertos, trasnochadas, p*teadas, lagrimas, alegrías. De todo. Tantas cosas que compartimos me, myself, my ex and I… que fue todo un rollercoaster para ese pequeño estudio en donde nació, creció, pero no se reprodujo y así mismo murió mi proyecto bebé.

Fue una página, cuyo domino ya no está disponible. Los contenidos están en un disco duro azulito, lo más de bonito y caro, que guardo como para no sentir que perdí todo ese tiempo. Como para no sentirme tan derrotada. Una idea que nació un día… un maravilloso día de otoño en el viejo continente en donde una chica de no más de 25 años me habló de un concepto (o bueno, se lo dijo a toda la clase) que yo pensé que era una revelación:

(Redoble de tambor…)

“Economía feminista”

(se oyen murmullos en el fondo)

Ese día llegué a casa y le conté a mi exmarido que el mundo estaba al revés, queexistía una desigualdad enorme entre hombres y mujeres… y lo peor de todo ¡Cómo es que nadie lo sabía! !EL MUNDO DEBÍA SABERLO!

Yo era de las pocas imbéciles que no lo sabía.

Toda la clase lo sabía. Mi en ese entonces marido, lo sabía. Mi vecina de Tunes lo sabía.

Pero yo era de Colombia, nacida en Bogotá, con 28 años de edad, criada en Fusagasugá y con una corta pero sustanciosa reputación de machista en Chía.

Igual, que leyendo aquí y allá tampoco es que hubiese mucha divulgación del tema para Latinoamérica en español. Entonces me dije “esto es lo mío, es lo que voy a aportar a mi país”.

Compré dominio, me diseñé logo, me armé de contenidos, de perfil en Twitter y en Facebook, tomé fotos, escribí y escribí y escribí…

Me gané críticas por el nombre, rechazo por los contenidos, insultos en Twitter…

Lo único que quedó fue todo lo que mi cabeza puede recordar de todos los libros. Y el color verde que pienso conservar en este blog.

Por eso me gustaría decir “he vuelto”. Pero, igual no puedo.

Porque EqGénero ilusamente pretendía “educar en la igualdad”. Después de yo misma sentir que el feminismo radical de autoras de los 80s ya no era tan relevante hoy en día, me dije “hay que hacerlo diferente” educar desde la diferencia. Pedagogía, ¡para tod@s! con cariño, explicando, suavecito, sin transgredir.

Ilusa.

Fui tan escuchada como el mediador en una pelea de boxeo.

Fui tan acertada como el ratón infectado de toxoplasmosis.

Y por eso murió.

Porque al público al que me estaba dirigiendo era tan poco receptivo a mi discurso que se notaba que estaba del otro lado del océano. Y parecía de hecho que estuviera hablándoles desde allá con megáfono. Puro comercial de Davivienda.

Así que aquí, sin ánimo ni de enseñar, ni educar, ni ilustrar ni compartir, sino solo de publicar lo que creo que tiene que ser publicado, he vuelto.

Y ya no reparo si recibo insultos.

Carolina Guevara.